Cuba y la conciencia trascendental

Existen tres tipos de mente intelectual en Cuba: la historiográfica, la más baja forma de conocer la realidad y con la cual sabemos mucho; la poética, con la cual sabemos poco, y la trascendental, con la cual no sabemos nada.

La posición generalmente adoptada por todos los que experimentamos la mente historiográfica es conseguir una imagen irreal de la realidad sobre el mundo.  Un poeta de la talla de Lezama indaga a través de la mente poética y encuentra por vía de su método un puente, un escalón que lo comunica de un modo imaginario con lo real; de ahí que su sistema poético del mundo se convierta en una de las más auténticas teorías del conocimiento en Cuba, muy cerca de dilucidar la realidad; la mente trascendental no es ni poética ni historiográfica, es una mente que se ha liberado de ambas, ha trascendido tanto al método historiográfico como al poético, ha dejado de ser mente.

Debo decir que he leído lo suficiente sobre literatura cubana como para afirmar que esta mente no existe en Cuba. De hecho, el hallarla es un absurdo. El propio hallazgo nos dice que es una mentira.

El único intelectual cubano que reconozco en cierto estado de conciencia trascendental es José Martí. Cuando digo saber me refiero a algo experimentado no por la representación, sino por lo que acontece de fuerza y vitalidad en el ser, dentro de la propia existencia individual. Existe, luego piensa; de modo que no es una categoría de lo no existente y de lo irreal lo trascendental, como suele ser el conocimiento adquirido y representado. Y esto es lo que hace la mente historiográfica. Puede hablar y teorizar acerca de la mente trascendental, pero no sabe nada acerca de ello. Todo lo que conocemos, que nos llega en forma de conocimientos, será irreal y  no existirá. El ser no lo reconoce como existencia.  Y este es el milagro que intenta comunicar el Diario de Campaña de Cabo Haitiano a Dos Ríos: que lo irreal debe ser trascendido.

En ese texto no veo a Martí, no veo al historiador, no veo al poeta; no veo a nadie, pero hay alguien.  Martí es sólo un vehículo, un médium para comunicar lo real. En ese texto vemos a Martí salirse del tiempo. El secreto para entrar en la realidad es salirse del tiempo historiográfico y de la imaginación poética. ¿Cómo se explica este fenómeno?

Es el tiempo, la percepción de que existe un pasado, lo que fue; y un presente y un futuro, lo que será,  lo que determina que lo irreal percibido se confunda con lo real escondido. A través del tiempo se recibe la imagen de que el presente es real. Fijémonos que “es” significa presente pasado, “o” el presente y “eses” el presente futuro, el que está por ocurrir. Cuando es pasa a ser o deja de existir, pertenece al pasado, y o para convertirse en eses no ha ocurrido. Entre es y eses, que son estados inexistentes para o, se halla el secreto de lo aparente como si fuera real. La base de todos esos tiempos verbales, es, o, eses, es lo que constituye por ejemplo, dentro de Cuba, la historia de Bayamo, cuna de la nacionalidad cubana. Se desprende de Bayam, el sonido cósmico con que Cuba entró al mundo, al de la poesía y la historiográfica. Cuando el sonido se modificó en una aprehensión temporal, apareció la mente historiográfica, la que añadió a Bayam- es- o-eses. La dimensión “esa” no es, por añadidura, sino un símbolo poético para exponer cómo el amor se entrecruza entre el tiempo vivido y la dimensión atemporal. Si quitásemos esa añadidura, esas visiones modeladas por la percepción del tiempo que forma parte de una de las creaciones más sutiles de la psique humana, quedaría en lo real, aparecería ante la percepción el sonido Bayam.

No es que tengamos que recurrir al legado de la Historia, a  la mente historiográfica, para  alcanzar los orígenes de los procesos que definen al ser nacional. No, en eso estaban equivocados Lezama y sus exegetas. Martí, a través del Diario, sugiere que si rompemos la pared con que la maga del tiempo impone un mundo irreal, el origen aparece inmediato, se revela inmediatamente la música, la danza, y la verdad hace acto de presencia al instante.

El Diario revela el misterio de la literatura cubana y americana. El Diario es un asombro porque es el documento americano por excelencia que revela el despertar de la conciencia ante la mente historiográfica y poética; el Diario no contiene preguntas ni respuestas. No existe análisis ni razonamiento. No existe contemplación y  nada está representado como presentación visual y perceptiva. Sólo se describe la vida como es. Martí con el Diario no se detiene a pensar, a razonar, a filosofar ni a crear imágenes poéticas. Todas las cosas en sí que sus ojos ven en el trayecto del viaje son descritas como son. La realidad aparece por doquier. La maga del tiempo, que es uno de los sustentos de la historiografía y la poesía, ha desaparecido. La narrativa muere. Solo queda eternidad. Un río es un río, un árbol es un árbol, un combate es un combate, un encuentro es un encuentro; nada es entorno y sobre nada.

La historiografía y la poesía solo pueden ayudar en una dirección: dar una pista de hacia dónde está el verdadero camino de la existencia y la realidad humana. Si nos apagamos a su conclusiones, es retundo el fracaso. Ha contribuido a que el cubano permanezca en una desesperación existencial irreversible. Su concepto mayor, Patria, queda en el descuido real.

Patria, como hemos indicado en otro trabajo bajo el título “Patria y humanidad en José Martí”, no posee un significado en sí mismo, no puede ser objeto de racionalización, no es un problema para ser comprendido mediante la lógica. Patria es amor, una fuerza vital intrínseca a la vida. Patria tiene que ser vivida. Fina García ha escrito un libro sobre Martí, “El amor como energía revolucionaria”, y en efecto está en lo cierto; el amor no es una relación sino una energía. El amor es una palabra poética para decir que en la vida nada es estable, sino cambiante. Patria posee el mismo sentido de logos, cuya resonancia, según Pitágoras, obedece a la totalidad del mundo; es indefinible.

Entonces la patria que puede significarse, teorizarse, definirse, ser objeto de conocimiento lógico, no es la patria en realidad, no es la concedida en forma de donaciones por los dioses romanos: patria es una donación del estado supremo de conciencia, pues en este sentido posee un origen místico, esotérico, psicológico, el que prevalece en la concepción de la obra martiana. Patria para Martí encierra en sí el misterio mismo de la vida, del amor, del cambio continuo de la existencia, aunque las apariencias de los hechos lo desaprueben.

El origen de patria se ha imaginado tanto dentro de la civilización del progreso histórico que, cuando la antigua Roma se convirtió en ciudad estado y creció fuera de sus límites originarios, patria sufrió una transformación semántica: hoy entendemos por patria el lugar de nacimiento y a lo sumo un sentimiento por éste. Patria ha quedado reservada al imaginario emotivo y emocional. Ha quedado sólo para la mente historiográfica y la poética. De ahí que todas las corrientes intelectuales en Cuba desemboquen en la “unidad patriótica”. En ese sentido, los cubanos nos llamamos patriotas, término parásito de un concepto. Podemos manipularlo a nuestro antojo.

Patria hoy en día carece de su naturaleza esencial. Se ha perdido el sentido original de la concepción de patria, de la naturaleza esencial del ser, de la unidad entre la imaginación y la realidad. Y todo ello porque nuestra visión del mundo es representada tanto poética como históricamente.

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