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Presentación: La formación histórica del capitalismo en Cuba.

(Inedito, 210 cuartillas)

PRIMERA PARTE

El capitalismo en la industria y la manufactura de la región/

1.-  Problemas historiográfico sobre el tema/

2.- El surgimiento del central como gran
industria/

3.-Proceso embrionario de
centralización y concentración industrial en la manufactura azucarera entre
1850 y 1867/

     4.-Resquebrajamiento
de las relaciones patriarcales en la manufactura azucarera/

     5.- El impacto
de la Guerra del 68 en el proceso de concentración y centralización de
manufactura azucarera/

     6.- El central
azucarero y la división social del trabajo/El proceso centralizador hasta
1889/Financiamiento y nuevas tecnologías/La colonia cañera y las tierras aledañas
al central/El proletariado industrial/Nuevo impulso concentrador y el impacto
de la Guerra del 95/La reconstrucción/

SEGUNDA PARTE

El capitalismo en agricultura de la región/

     1.-El proceso
de descampesinización/

     2.-La economía
de los nuevos terratenientes capitalistas/

     3.-Evolución
de la agricultura comercial
/

CONCLUSIONES/

CITRAS Y
NOTAS/

BIBLIOGRAFIA/

APENDICES/

La obra que presentamos a consideración del lector tuvo,  desde la definición del problema hasta la concepción y estructura expositiva  final, no pocas dificultades que salvar. El proyecto de esta investigación nos  ocupó más de ocho años de trabajo. Su origen se remonta a la primavera de 1987,  cuando nos encontrábamos enfrascados en la elaboración de la tesis de grado  para licenciatura en historia en la Universidad de Oriente, en Santiago de  Cuba. Sin embargo, en aquel entonces no era el estudio de los problemas
sociales de la economía el centro de nuestras preocupaciones  científicas.

La investigación  consistía, pues, en el estudio de las luchas sociales de los campesinos de la  región oriental de Cuba durante el período republicano. Pero, sin lugar a duda,
fue a partir de la indagación de esta problemática social cuando nos pusimos en
contacto, de forma inicial, con algunos de los sugestivos fenómenos de la
actividad agraria; es decir, como lo entendíamos en aquél momento, con la base
de los orígenes del movimiento campesino. De ahí que sólo nos interesara,
entonces, representar un cuadro general de la problemática de la tenencia de
la tierra
con el objetivo de “dar cuenta”, a partir de ella, de los
fundamentos acerca de los móviles del movimiento campesino.

Una vez que  nuestros criterios avanzaron en el conocimiento de este problema agrario,
social y político surgieron otros y, por ende, las perspectivas de la  investigación se ampliaron. Ya no en el sentido de considerar los nuevos  problemas como hechos aislados, susceptibles de una investigación individual y,  desde luego, determinante en sí mismo, sino como una estructura. En  otras palabras, como un fenómeno en general que se enmascaraba y funcionaba de  forma oculta, detrás de estos hechos socios políticos. La investigación que nos  propusimos, de la posible estructura en juego, fue la que nos orientó, de forma  inicial, a plantearnos una serie de estudios sobre lo que entendíamos como el  segmento vital de las relaciones sociales en el ámbito de la economía, en un
espacio y tiempo concreto: De ahí el proceso de concentración y  centralización en la producción azucarera capitalista en los primeros 25 anos  de república.

Aunque la historiografía cubana cuenta en su haber con una amplia ejecutoria sobre este
tema, ésta se la ha planteado como  una  gran generalización. Nunca se ha se había interesado en contribuir a la teoría  de este proceso, sino que su postura en esta investigación ha sido netamente  empirista, cuyos resultados sean más bien descriptivos, que explicativos.

Es por esta razón que encontremos en nuestra historiografía no una generalización real,
es decir, una síntesis de este problema, sino una generalización ideal  constituida bajo los hechos que se prolongan y se prueban sin que se tengan que  decir algo nuevo sobre este proceso. Las investigaciones regionales acerca de  este  tema son pruebas de que siguen
estos derroteros.

Valga la disgregación, pero cuando nos sumergimos en la investigación de este problema
surgieron reservas que nos obligaron a representar el proceso en una mayor  perspectiva, como era lógico de esperar. El examen de este proceso, ya la  palabra lo indica, no resultaba únicamente un estudio de coyuntura, sino  también de estructura. Fue cuando nuestras observaciones se dirigieron  más al tiempo que al espacio. Comprendimos que se trataba de un fenómeno de larga  duración, según la denominación dada por el historiador francés Fernand Braudel.

El origen de esta estructura no podía encontrarse en los hechos del presente siglo. Las
informaciones disponibles para las etapas anteriores al siglo XX hacían  presumir que se trataba de un fenómeno originado a partir de la segunda mitad  del siglo XIX y que el mismo era resultado de un cambio fundamental en la  estructura económica y social que se operaba en la isla: el paso del sistema  de plantación con fuerza de trabajo esclavo a la plantación con obreros  asalariados.

Pero nuestra  investigación se concretaba en aquél momento, repetimos, a un espacio bien
definido: la región oriental de Cuba, cuya tarea entonces fue averiguar hasta  qué punto y en qué forma se gestaba, de acuerdo al funcionamiento de la estructura  de la plantación esclavista, el proceso de concentración y centralización  capitalista tanto de la propiedad como de la producción. Información disponible  teníamos como para finalizar un investigación empírica satisfactoria sobre esta  región, pero haber llegado a la conclusión de que este proceso surgía no con  mayor pujanza de las contradicciones internas de la plantación, sino de  otra forma de propiedad ajena a él, determinó, entre otras causas, que nuestros  esfuerzos se concentraran definitivamente a la región Manzanillo.

Esta peculiar  ruptura acerca de este proceso que se observaba en el funcionamiento de
relaciones sociales en Manzanillo entre 1850-1880, nos obligó a cambiar los  criterios acerca del concepto de región histórica hasta ese momento asumido. Ya  la región histórica no podía ser un espacio concebido como a prioris,  como si el nombre de la jurisdicción y la ciudad dieran conceptualmente el  valor esencial al espacio objeto de estudio. Tampoco la región histórica podía  entenderse como una categoría suprahistórica, entendida fuera del  tiempo, aunque asumiera una evolución en la misma.

La región histórica como categoría científica, es decir, como herramienta de investigación, se convertía, a diferencias de otras cualidades dadas por la  ciencia histórica, en uno de los aspectos más importantes de la dialéctica  entre la estructura y los procesos sociales, y no del espacio abstracto como  suele verse en investigaciones regionales actuales En otras palabras, para  nosotros la región histórica es una categoría fundamental en el oficio de
historiador, no en el sentido en que representa empíricamente un estudio de la  sociedad en un espacio y tiempo determinado, sino en descubrir el  funcionamiento particular de esa sociedad insertada en medio de relaciones  sociales mas amplias, es decir, concebible como un espacio y tiempo particular:  en el espacio y tiempo histórico.

La pregunta clave a responder era la siguiente: se puede considerar un “espacio” en el eje
del tiempo? Es decir, se puede considerar el proceso de concentración y centralización
de la propiedad y la producción como un problema histórico? La respuesta  afirmativa a esta pregunta nos debía conducir necesariamente a una  reorientación del método de investigación utilizado hasta entonces en el tema.

Desde luego, las pesquisas en torno a este problema resultó, provisionalmente, la  oración de un texto que titulamos “Proceso de concentración y centralización  capitalista en la industria azucarera en la región Manzanillo entre 1880-1899”.  La investigación sobre la concentración industrial en la región de Manzanillo planteó desde sus inicios un problema medular. Se trataba de identificar este proceso con una de las fases que caracterizaba la historia del capitalismo en la industria azucarera, pues resultaba evidente que las  características que ofrecía dicho proceso se relacionaba con la tercera fase del capitalismo en la industria. De ahí que nos planteáramos algunas  interrogantes.

Max Webe, quién investigó en profundidad el pragmatismo y psicologismo del  mundo de los sujetos económicos capitalistas, descubrió que en la historia del capitalismo,  en la industria y su burocracia debía, estudiarse tres fases diferentes las  cuales se distingue una de otra por el grado del desarrollo técnico,  intelectual y mental con que se expande el proceso de la producción mercantil.  1.- La pequeña producción mercantil, cuya estructura se basa en la técnica  manual. 2.- La manufactura capitalista; en ella aparece la división del trabajo  y la introducción de nuevas técnicas pero donde aun existe rasgo del arte  manual. 3.- La gran industria maquinizada, donde aquí se opera un cambio  sustancial y en la industria asimila equipos altamente tecnificados, rompiendo  por completo con la manufactura, cuya nueva entidad la parte fabril se separa  de la agricultura.

Para que fuera factible el triunfo de la gran industria sobre la manufactura era insoslayable una concentración de capitales ya existente analizada por Marx. Para la sociedad cubana nterior a la década de 1880 en cuanto a la fecha de inicio, cómo evolucionó y en qué sector clasista predominó la concentración de los capitales. Para un estudio regional, como el caso de Manzanillo, resultó difícil, pues los capitales que  provinieron de otras regiones para echar los cimientos de la centralización industrial,  tal y como se efectuó, no ha podido ser ubicados en la tendencia general del  país.

La falta de investigaciones sobre este tema  en las diferentes regiones del país es en este momento un obstáculo insuperable  para llevar a cabo un trabajo comparativo y ver sus relaciones. No obstante,  trabajáremos con la información conocida y ofreceremos, desde luego, las  perspectivas que ofrece la región en la tendencia general del país.

Fue para nosotros de vital importancia  explicar cuáles fueron los procedimientos y vías utilizado por sector clasista  predominante para concentrar los medios de producción. Por otro lado, sin  apartarnos del asunto, hubo que tener en cuenta que el proceso  e industrialización técnico respondía a las intenciones de los grupos y sectores  rovenientes fundamentalmente de comerciantes devenido en industriales.  Manzanillo compone un eslabón más de la cadena del auge y expansión del azúcar  por toda la isla.

La obra se divide en dos partes. El primera  tiene sencillamente el objetivo de ofrecer una idea grosso modo de la estructuración  regional desde un punto de vista económico. El lector podrá conocer sus  tendencias socioeconómicas fundamentales. El segundo capitulo expone lo  concerniente a los antecedentes del proceso de concentración y centralización
entre 1840 y 1867. El tercer capítulo esta dedicado al impacto producido por la  Guerra de los Diez Años sobre la estructura agraria de la región y el cuarto capítulo  se dedican la mayor cantidad de páginas al proceso de concentración y centralización  entre 1880 y 1899.

La fuente bibliográfica con que contamos  para el trabajo comparativo y sobre el caso Manzanillo fue escasa y dispersa.  En líneas generales, la obra de Julio Le Riverend sobre la estructura de la economía  durante el siglo y la labor acuciosa de Manuel Moreno Fraginals con El Ingenio   reportaron ciertas tendencias nacionales del proceso de la concentración después  de concluida la Guerra Grande. Ayudo mucho a esta investigación los estudios de  corte regional y de casos, entre ellos los de  Hernán Venegas elaborados a partir de su tesis  doctoral sobre la regionalización económica de las antiguas jurisdicciones y  municipios del centro del país, así como también el estudio de caso La Centralización  y concentración de la industria azucarera en Remedios  Introducción. Problemas historiográfico sobre el tema, son los  estudios  de Fe  Iglesias sobre la formación del capitalismo en la producción azucarera en  Cuba y su análisis particular acerca de la concentración azucarera en la región  Cienfuegos,  la tesis doctoral  Carmen García sobre el proceso de resquebrajamiento  de la plantación azucarera en Cienfuegos y el trabajo de Laird Baegar  sobre la agricultura en Matanzas. Trabajos  menores, pero con un nivel de enjuiciamiento critico sobre el tema debemos uno  a Olga Portuondo sobre la región de Guantánamo.

Las fuentes documentales fueron las que  vinieron a jugar el papel más importante en cuanto a la información empírica disponible.  Se calcula que el 90% de la información proviene de la documentación del archivo  Registro de la Propiedad y las Antiguas Anotadurías de Hipotecas,  cuyos fondos del Registro Mercantil, el Registro de la Propiedad y la  Antiguas Anotadurías de Hipotecas fueron consultados en la ciudad de
Manzanillo, Bayamo y Santiago de Cuba.

No menos importante para este estudio tuvo  el manejo de los fondos Escribanía Notariales y Actas de Ayuntamiento  consultado en el Archivo Municipal de Manzanillo y en el Museo de esta ciudad.  Una parte importante en este libro no pudo haberse realizado sin la valiosa  información extraída del fondo Gobierno Provincial del Archivo  Histórico Provincial de Santiago de Cuba. Lamentamos, sin embargo, la  ausencia de registros de documentos que debieron archivar las empresas  azucareras en sus propios archivos. Sólo se conservan documentos, libros de  estadísticas y contabilidad para el período republicano.

No creemos haber agotado todo el material disponible en los archivos locales, provinciales y nacionales, así como numerosas fuentes que se conservan fuera de Cuba, por ejemplo en la Biblioteca del Congreso en Washington. Sin embargo, con el material recogido y ordenado a los propósitos de esta investigación, se ha podido dar coherencia a la hipótesis fundamental de este  trabajo.

Enero, 1995

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MITO, PODER Y CASTRISMO

Hans Blumenberg, en uno de sus mejores estudios, Trabajo sobre el mito, afirma que la historia de la humanidad se caracteriza por un montaje entre la “realidad” del individuo, su estructura mental, y los mitos y leyendas que le fueron creados. Fue a partir de esta hipótesis sobre el mito, sobre todo el mito de Prometeo, que Blumenberg  puso entredicho la autenticidad de la  era moderna respecto a la Edad Media.

Nunca en lo esencial –afirma el filósofo alemán– sucedió un distanciamiento entre ambas eras, porque el estudio del mito lo desmiente.  Tanto la ilustración como la modernidad y las postguerras mundiales subyacen en base a antiguos mitos: los mitos se convierten, una vez más, en metáforas esenciales de la existencia humana.

La conclusión de Blumenberg radica en que las sociedades humanas han sobrevivido, y  se han estructurado socialmente, gracias a algún mito. Las sociedades modernas, por ende, conforman de algún modo un tipo de estructura mitológica. Los conceptos de “realidad” que propuso la Ilustración y, por consiguiente,  los que impuso la Modernidad, están basados en alguna leyenda mitológica. Los conceptos de rebelión, revolución, progreso, ideología, política, democracia, entre otras abstracciones que conforman la nueva realidad ilustrada y moderna, no están separados de antiguos mitos.

En ese sentido, nos hemos preguntado si existe la forma de superar la trasgresión mitológica de algunos mitos en el devenir de la humanidad, con el objetivo de que el hombre se libere  de esa ansiedad. Aun cuando la respuesta sea afirmativa por algunos estudiosos del tema, dar muerte al mito, ha dicho Blumenberg en alguna  parte, es una máscara. El mito ha funcionando y, gracias a él, las sociedades sobreviven. Pero Blumenberg no encuentra el modo de superarlo y, por ende, cae víctima de la selección, el análisis y la lógica contextual. Habla de dar muerte definitiva al mito, pero estableciendo una dualidad: los mitos de carácter estético deben permanecer. Toda su propuesta concluye en una formulación muy ambigua, pero muy lógica: sólo le importa dar muerte a ciertos mitos, provengan de donde provengan, que dan origen al autoritarismo, la dictadura y las prácticas políticas totalitarias.

El análisis que propone del mito Prometeo desde la mirada de Goethe,  en la que Napoleón encarnado se convierte en un dictador, puede ser un ejemplar modelo de investigación para desmitificar el mito sobre el totalitarismo castrista en Cuba, que viene a ser, también desde la mirada de Céspedes/Martí hacia Prometeo, origen y recurrencia del metarrelato mítico de la revolución cubana mediante el cual Fidel Castro se convirtió en dictador, pero indagando también en las implicaciones de lo estético sobre lo político.

Ahora bien, en un proceso histórico como el cubano es muy difícil  comprobar, en todas sus dimensiones socio-históricas y culturales, las implicaciones estéticas y políticas del mito sobre el origen y desarrollo del totalitarismo castrista. Pero habremos de ver, por lo pronto, algunos puntos en forma de hipótesis, con el ánimo anticipado de ampliarlos y comprobarlos en futuras indagaciones.

-En Cuba han sucedido tres revoluciones sociales: a) por la independencia colonial (1868-1898), b) la de 1930, en contra de la dictadura machadista, y c) la de 1959, contra la dictadura de Fulgencio Batista, todas enmascaradas bajo el mito de Prometeo, pero esta vez bajo la acuciosa mirada que nos ofrece Andrés Gide sobre “Prometeo mal encadenado”.

-Es decir, la fuerza de la libertad para todos se traduce en fuerza para uno. Es Fidel Castro quien encarna definitivamente la aptitud grotesca –en tanto estética y política– del proteico salvador. Una especie monoteísta de liberación a partir de una nueva entidad cultural: la Historia.

-El proceso revolucionario en Cuba, en línea general, hasta el golpe batistiano del 10 de marzo, está basado en la visión estética del absurdo republicano. Mella, Guiteras y  Chibás apuestan por una revolución moral, mientras que a partir de 1953 la visión cambia para imponer lo político.

-Cuando mediante la historia lo estético se traduce en político, aparece el terreno expedito para crear la imagen de lo colectivo; aparece en escena el poder por lo político, por lo ritual: la voluntad del poder dictatorial sabe imponerse sobre los demás.

-De modo que a partir de aquí lo histórico impone y endereza la tendencia diáfana a la  necesidad del liderazgo y la presencia del poder político. Hace falta un líder, que sume  la estrategia moral y estética a la política como postulados fundamentales del poder.  Es un arte que implica, en ambos casos, el poderío del mando.

-Es Fidel Castro quien retoma lo que André Gide en “Prometeo mal encadenado” confirma como la transgresión pecuniaria y hostil a las fuerzas morales del mito en un siglo en el que la obediencia a Dios ha sido aniquilada. El Titán no viene ahora a liberarse del mito, de las ideas fundacionales de la revolución independentista, sino a dictar mediante la Historia, bajo su impostura. “La historia me absolverá”, texto con el cual Fidel Castro se defendió de la dictadura batistiana, es el alegato germinal de lo que sería después su dictadura: mitificó en la mente colectiva cubana la encarnación del héroe.

-En el discurso del nacionalismo cubano se filtra, a partir de la presencia de Fidel Castro en la Historia, la tendencia a ser héroe impar para prometer la liberación a cambio de la permanencia indefinida del poder.

Sobre La mujer del coronel, novela de Carlos Alberto Montaner

Todos los comentarios hasta ahora aducidos sobre la novela La mujer del coronel (Alfaguara,  2011) del periodista y escritor Carlos Alberto Montaner, concuerdan en los mismos puntos. Erotismo, sexo, amores, adulterio y política. El propio autor se ha encargado deliberadamente de delinear el tejido discursivo de la trama de la novela: entre sexo y política, el gobierno cubano usa viejas prácticas intimidatorias para preservar  la “moral comunista”. Vendría a bien, entonces, a un Estado con ínfulas patriarcales y machistas, usar el peor y más irreverente de los procedimientos y las fuerzas, como el inescrupuloso montaje de juntar evidencias clasificatorias sobre la sexualidad individual y espiar la privacidad más íntima para someter al escrutinio moral las fallas ideopolíticas de los  dirigentes cuestionados.

Una forma, desde luego, de extorsión y control desde lo más íntimo de la individualidad condena la libertad y el goce. De modo que este control sobre la libertad humana por medio de la vigilancia sexual pudiera delinear el tema central de esta novela, pero es al revés, de modo contrapositivo: es el desafío ante ese “control impúdico”, desde lo más individual, lo más privado, lo que en  suspense  queda advertido como meollo especular y existencial de la trama. Que en Cuba existe una “fuerza moral” subterránea a la presencia del régimen que lucha no enfrentada directamente a la política del Estado, pero sí que se resiste a sí misma deliberando por cuenta propia, lo que Rudolf Otto llama, en “Lo sagrado”, el mysterium fascinans, el sentimiento de espanto.

En Cuba hay miedo a la fascinación por la libertad. Ese es el gran dilema en Cuba: arde una gran ansiedad. De modo que puede que nos demos cuenta que algo no encaja, que algo anda mal, que el ideal del que nos hablaron cada día se prolonga más en lo utópico y lejano, pero la realidad  descargada debe ser encarada tal y como es. Pero es, paradójicamente, entre la realidad y la utopía donde vive esa fuerza, ese desafío que intenta asomarse con toda claridad, pero no lo consigue. O abraza el espanto, o te enfrenta ansioso desde el propio discurso nacional a la realidad reinante.

En su viaje a Roma, para participar en el congreso al que fue invitada, Nuria revelaba la infinita posibilidad del recuerdo irracional de la niñez y comparaba el espanto de la experiencia sobre la gastada y cansada política de la lógica del racionalismo nacionalista cubano. “Yo me sentía libre en Roma. Libre de qué, me pregunté. Libre de todo. Libre de mi marido. Libre de mi trabajo. Libre de mis compañeros. Libre de mis vecinos. Libre de del gobierno. Libre de la rutina que se me había metido bajo la piel como un animal hambriento y amenazaba con devorarme el corazón”. Se trata de un instante perceptivo nada más, porque de pronto cae en la cuenta de que es una ilusión, una farsa y regresa por empatía a su perenne estado anímico. La invadió la tristeza. No pudo soportar el “espanto de la libertad”.

De ahí la pregunta fundamental de la novela: “¿Tenía sentido mi vida?”. Nuria nunca más a lo largo del relato se preguntó. No fue necesaria la pregunta  porque Nuria, después de su viaje a Roma, daba cuenta de que el sentido no radicaba en una entelequia, en lo que pudo extraer del conocimiento de la psicología humanista, de lo que intuyó de la “terapia centrada al cliente”, en una supuesta relación de libertad y respeto entre el terapeuta y el “cliente”. Ni más ni menos en sobrevivir la vida buscándole un significado. Nuria comenzó a amar desde entonces las experiencias, las emergencias vitales desde que la relación de infidelidad –no de deslealtad– rozo los hombros con otro hombre, le posibilitó borrar por un espacio de tiempo definido los presupuestos tangibles del leguaje y la política en la evocación humana.

Lo que invocó el profesor Martinelli con el profuso experimento de que la intensidad del lenguaje erótico y la luz son directamente proporcionales a la intensidad de la recepción emotiva, demuestra que el lenguaje político obedece a la misma dialéctica del arte de la política. Nuria llegó a Roma cansada, ataviada del discurso político en la isla, pero desconocía el verdadero sentido. Intentaba llevar a la “normalidad” a sus clientes desajustados, pero sin tomar en cuenta que ella era una pieza del juego, miembro del claustro de profesores de la Facultad de Psicología, militante del PCC y mujer de un alto oficial del ejército que cumplía misión internacionalista.

¿A qué se oponía Nuria? A sus cuarenta años padecía lo que un pueblo padece a treinta años de disonancia discursiva. Siente como que la vida hasta entonces vivida pierde sentido, se vuelve rutina, siempre lo mismo. Su ponencia en Roma, “El lenguaje político, la disonancia cognitiva y la neurosis”, sin embargo, no le ayudaba completamente a comprender la situación por la cual el régimen desarticulaba la emotividad de sus miembros. Nuria nunca pudo entender por qué el suicidio era una  vieja curiosidad de lealtad ante el lenguaje. El suicidio de Arturo, su marido, cifraba la dicotomía especulativa de la esperanza. Si Nuria hallaba razones para un nuevo espacio, un nuevo sueño con Arturo, éste, contrario a lo que hizo, se sacrificaba por la moral establecida. La vida para Arturo había dejado de tener significado, había llegado al límite, no por la insatisfacción en la Revolución, sino porque el sexo en la mujer que amaba había eclipsado. En última instancia, el sexo determina la lucidez del significado de la vida. Del sexo nacemos y con el sexo morimos.

Habría que esperar la reacción de Nuria, dividida en dos direcciones irreconciliables: o escoger el camino de Arturo, desaparecer,  o padecer el maltrato del lenguaje. Lo sobrenatural, lo espantoso, ya no contaban como reacción, sino como virtud, felicidad y goce. Nuria se había liberado por completo.

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